GRUPO MISIONERO

                En el año 2006 comenzamos a caminar con el objetivo de formar una Comunidad Misionera que culminó con la Misión de Navidad llevada a cabo en la Capilla Nuestra Señora de la Ternura, en el Delta del Tigre, entre el 21 y el 24 de Diciembre de ese año.
                A partir de esta rica experiencia de “ser juntos” y de compartir como Iglesia ese tiempo para “bucear”, contemplar y asimilar el Misterio de la Encarnación y Nacimiento de Jesús, creemos que estamos llamados, por un lado, a profundizar en ella y por otro, a acompañar a los participantes de esta Comunidad en un camino formativo que no descuide sus desafíos de crecimiento.
                Además de las actividades propias de un Proyecto Misionero, queremos ofrecer a los y las adolescentes del ultimo año de Educación Secundaria Superior una formación evangelizadora que alcance la estructura de su personalidad, les permita consolidar una identidad creyente, abarcando la totalidad de sus experiencias de vida desde cuatro ejes centrales: MADURACION PERSONAL, MADURACION GRUPAL, MADURACION SOCIAL y MADURACION EN EL DISCERNIMIENTO CRISTIANO.


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Algunos Testimonios...
Misión sábado 17 de mayo de 2008

El sábado 17 de mayo el Grupo Misionero fue a visitar la Isla del Delta donde realizamos desde hace un año y medio la Misión de diciembre.
Salimos desde la Estación Fluvial de Tigre, en lancha colectiva, con destino a la Capilla Nuestra Señora de la Ternura, 1ª Sección de Islas, en la intersección de los ríos Sarmiento y San Antonio.
Durante la mañana nos organizamos en pequeños grupos y realizamos una recorrida general con el objetivo de avisar que habíamos llegado, invitar a los niñitos de la isla a las actividades de la tarde en la Capilla y, tal vez, concertar con alguna familia una visita mas formal en horas de la tarde.
En el almuerzo se vivió un clima ameno y divertido, pero también profundo e intenso ya que nos dedicamos espontáneamente a hablar acerca de las carreras que querían seguir los chicos de 3º Polimodal una vez egresados y aquellas que estaban estudiando los universitarios.
Luego un grupo de voluntarios se reunió para organizar los juegos de la tarde con los pequeñitos del lugar que estaban se acercarían a la Capilla a las 15 hs.; momento en el cual, otros grupos saldrían a visitar las casas para compartir charlas y mates, anécdotas, risas, historias, dolores, vida… 
A las 17:00 hs. compartimos todos una sencilla oración de cierre para agradecer a nuestro Papá Dios todo lo vivido.

Algunos de los misioneros nos regalan sus testimonios de la visita:
 
"Tengo muchas ganas de volver"
por Catalina Morel - Ex-alumna
 
El día empezó INCREÍBLE!! Una mañana espectacular!! Desde que llegamos nos toco un clima bárbaro y estábamos todos con todas las pilas!! O por lo menos todas las pilas que alguien le puede pedir a un adolescente un sábado a las ¡9 de la mañana! 
Llegamos un poquito mas tarde de lo planeado, hubo algunos que se tomaron su tiempo para llegar, pero ahí estábamos todos, los 28 que éramos con ganas de llegar y arrancar.
La isla estaba igual, nos habían cortado un pequeño arbolito que le daba una decoración divina al paisaje de la capilla, pero fuera de eso, nada había cambiado. Nos juntamos en la capilla para que los coordinadores explicaran un poquito como era la onda del día y partimos a la visita cero, o sea, pasar por las casas a avisar que estábamos, que a la tarde nos juntábamos con los chiquitos para jugar un rato y concertar algún horario con la gente para visitarlos en sus casas.
Primero pasamos por la casa de Nora y Alfredo, que viven con sus 6 hijos (Julieta, Lucas, Tomás, Delfina, Candela y Uma) y los invitamos a que vinieran a la tarde a la capilla. Obviamente se prendieron, como siempre, y es lindísimo porque cuando van, va toda la familia junta y se nota que se divierten. Después hicimos una pasada por lo de Clara, una señora que cuenta historias copadísimas, con las que te morís de risa o te emocionas como un bebe. Volvimos a la capilla a comer; donde nos divertimos mucho, tanto los viejos que en parte un poco sabíamos como era todo pero, por otro lado, todos los encuentros son distintos; como los nuevos que mucho no sabían que esperar y de a poco se fueron dando cuenta que la isla es muy copada y que nosotros tampoco mordemos.
Luego de estos episodios, un grupo se quedo en la Capilla para jugar con los chiquitos y otros partimos a las visitas de la tarde. Mi grupo y yo aprovechamos para pasarla en lo de Clara escuchando sus historias, tomando mate y comiendo torta de manzana (proporcionada por un muchachito que casualmente cumplía años y lo quiso venir a festejar con nosotros)
Volvimos a hacer el cierre, contamos todos un poquito como la habíamos pasado, a mi me encanto escuchar a los chicos nuevos decir que querían volver y que la habían pasado bárbaro!
Tarde pero seguro llegamos a la estación y ya volvíamos a casa. Habiendo pasado un día bárbaro, tengo muchas ganas de volver, sobretodo con este grupo nuevo que se nota que le puso muchísimas pilas y que cada encuentro va a estar así de bueno!

 
“No le pidamos a Dios mas maravillas, sino mas capacidad de maravillarnos”
por Victoria Bianchi - alumna de 3º Comunicación
  
De toda la misión del sábado, hubo tres momentos que me parecieron más significativos.
El primero fue durante la oración de la mañana en la Capilla, cada uno resumió en una palabra como se sentía en el momento, frente a la misión. Felicidad, Alegría, Paz, Miedo, Incertidumbre, Buscando, Intriga fueron algunas cosas que se dijeron. Ese momento fue muy lindo no solo por el hecho de mirar hacia adentro, sino también de poder compartirlo y ver que otros se habían identificado con la misma palabra.
El segundo momento que más me gusto fue el de las visitas. Con otros tres misioneros fuimos a visitar a Clara, una isleña muy simpática que los misioneros “veteranos” ya conocían. Nos quedamos tomando unos mates y charlando un buen rato. Sobre todo fue un encuentro muy divertido, cosa que me sorprendió y a la vez me gusto mucho. Cuando elegí visitar en vez de quedarme a jugar con los chiquitos en la Capilla pensé que capaz iba a escuchar una experiencia de vida fuerte o algo trágica y me encontré con una charla totalmente diferente a lo que me esperaba… ¡y me encantó!
Por último, el tercer momento fue cuando, después de las visitas, nos juntamos los misioneros y lo chiquitos en la capilla a hacer una oración de cierre del día. Cada uno dejo en una “mini fogata” que hicimos, un papelito con una intención, agradecimiento o petición. El clima que se creo fue espectacular. Estábamos todos juntos cantando y rezando al mismo tiempo.
Todo fue muy simple, no paso nada “extraordinario” por decirlo de alguna manera, pero me fui de la misión muy contenta y muy plena.
Alcanzaron tres gestos sencillos para hacer de ese sábado un día totalmente diferente.

 
“La sonrisa que la gente nos dejó”
por Agustina Ponce de León - Alumna de 3º Humanidades
 
Cuando llegamos teníamos una mezcla de nervios, ansiedad, miedo; un poco de todo. Sobre todo aquellos que no habíamos ido nunca a la Isla. Pero después de visitar las casas, charlar un poco con la gente y ver la cara de los chiquitos jugando se fueron miedos y nervios.
Cuando nos fuimos estábamos muy felices y ninguno podía disimular la sonrisa que la gente del Delta nos había dejado a todos. 


 
“Con los ojos bien abiertos y el corazón atento”
por Sofía Murphy - Alumna de 3º Naturales
 
Llego el sábado, día que salía por primera vez a misionar. Siempre había tenido ganas de hacerlo, y para mi sorpresa, no estaba ni tan ansiosa ni tan contenta como había imaginado. En realidad, “no había caído”, todavía no entendía lo que iba a hacer…
“Visita O”, y arrancaba el día! A conocer la zona que me había tocado. Salí con un par de amigas y algunos egresados que eran los “conocedores”, a hacer el recorrido. Viendo las casas, charlando y disfrutando de lo nuevo, descubriendo… Con los ojos bien abiertos y el corazón atento… Tuvimos algunos encuentros con gente del lugar o que pasaba el fin de semana y volvía al continente (como llaman a la “tierra firme”) para trabajar durante la semana. Unos minutos con unos, otro poquito con otros y vuelta a la Capilla a almorzar.
Aunque era nuestro tiempo libre, aproveche que algunos chicos de la isla habían llegado temprano para los juegos, y compartí con ellos un buen rato… Jugando al “25”, y también un poco al fútbol. Después salí a visitar por las casas nuevamente.
La experiencia resulto ser MUY linda aunque no por lo que me esperaba. Creía que el lugar al que iba era más cadenciado, mas necesitado.
De todas formas, me encanto poder “dividir” mí tiempo y vivir las dos experiencias: el juego con los más chiquitos y el contacto con la gente del lugar.


“No me lo voy a poder borrar nunca”
por Francisco Valle - Alumno de 3º Comunicación
 
Siempre tuve ganas de ir a misionar. Todos mis hermanos y también mis papas lo habían hecho. Lo que entendía por “misionar” era ir a un lugar humilde ayudar y rezar.
El 17 de mayo fue mi primera experiencia, y me fui con una visión distinta a la que tenía antes de misionar. Rezar y ayudar no fue lo único que hicimos; no solo rezamos, sino que cantamos; no solo ayudamos, no solo les dimos una mano a los que necesitaban, sino que también les dimos la oportunidad de expresarse y abrirse.
En mi caso, me toco ir a un sector de la isla que me quedo grabado y que no me lo voy a poder borrar nunca. Fuimos a la casa de una señora, Giovanna, y no solo nos invito a tomar unos mates, sino que nos hablo de cosas que por ahí no le cuenta a su mejor amiga. Fueron palabras tan fuertes que volviendo a la Capilla no paré de pensar en ellas, en la mirada de la señora y en querer hacer algo en un futuro al respecto.
Más tarde me toco animar a los chicos de la Isla en varios juegos, para entretenerlos e ir conociéndolos
Termino el día con un momento de oración en el cual logre conectarme y muchos también.
Me voy con la idea de volver y con ganas de hacer algo que permanezca.


“Todos unidos en un mismo fuego”
por Josefina Lestani - Alumna de 3º Comunicación
 
Fue una experiencia muy linda, de verdad me encanto. Observando todo como desde afuera, se notaba (o por lo menos yo percibí) que el Grupo Misionero ocupaba un espacio en la Isla. Se marcaba mucho cuando íbamos a visitar a las casas y la gente los saludaba, contentos de verlos: es una visita esperada.
Lo que más me gustó (o lo que rescato ahora) fue el momento final cuando rezamos todos juntos e hicimos un fogón con papelitos en los cuales cada uno había escrito sus pedidos y/o agradecimientos: todos nos uníamos en un mismo fuego. 
La intriga, el temor ante una experiencia nueva por no saber como la gente nos iba a recibir, y todo el vaivén de sentimientos previos desaparecieron y se resumieron al final con la alegría y la satisfacción de haber brindado un servicio, de haber brindado nuestro tiempo. Alegría que no es resultado solo por dar o ayudar; también es por recibir.


“Terminé recibiendo más de lo que esperaba”
por Nicolás Mentruyt - Alumno de 3º Naturales
 
 Desde que empezó el día, el Grupo Misionero llevaba una energía positiva que me contagio y me ayudo a abrirme. Cuando empecé a conocer a la gente de la isla me di cuenta que esas ganas y esa alegría que el Grupo tenía eran las mismas que transmitían ellas. Cuando estaba dispuesto a dar, termine recibiendo más de lo que esperaba; viviendo experiencias distintas y compartiendo con amigos.


“Nunca me imagine todo lo que me podía llenar ”
por Josefina García Torres - Alumna de 3º Humanidades
 
Mi experiencia en el Delta fue muy buena. Los días anteriores estaba muy nerviosa y nunca me imaginé todo lo que me podía llenar. La gente con la que tuvimos oportunidad de hablar nos recibió muy bien y los chiquitos estaban muy entusiasmados a la hora de jugar. Me quedaron muchas ganas de seguir y estoy esperando la próxima vuelta al Delta con ansias. 


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